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Mi sentir al caminar

A los 10 años sentía que había venido para hacer algo importante de mayor.

A los 20 años sentía que había venido para cambiar el mundo.

A los 30 años sentía que estaba cambiando el mundo.

A los 40 años siento que a quien realmente estoy cambiando es a mí mismo.

Hay personas que sienten el anhelo por mejorar este mundo al que venimos. Hay otras a las que les es indiferente, también las hay a las que les es indiferente emporarlo y las hay que lo emporan con la misma conciencia que aquellas que se esfuerzan por mejorarlo. Los dos polos de una misma dualidad conviven en este mundo y lo cierto es que ambos se necesitan. Estar en paz con cada polo, es estar en paz con uno mismo, con los demás y con la vida. Es darse cuenta que todo está bien, tanto en el desorden como en el orden.

Cambiar el mundo, una constante histórica

Cambiar el mundo es, probablemente, una constante en la historia de la humanidad, una historia escrita en las estrellas, un impulso vital que nace del corazón más inocente y valiente. Las historias hechas mitos, nos cuentan de las hazañas de los héroes y los dioses en los tiempos sin tiempo. Esas historias están vivas y presentes en nuestro inconsciente colectivo y en algunos, nos nace ese impulso por mejorar este mundo, por hacer que las próximas generaciones vivan en un mundo mejor.

Pienso… el Mundo… que grande es… la historia de la humanidad… que larga es… más larga de lo que la historia oficial nos cuenta para que no sepamos de dónde venimos ni quiénes somos realmente… tantas humanidades han crecido, se han desarrollado y se han desvanecido…

Pienso… el Mundo… que grande es… más grande de lo que mi conciencia puede llegar a asimilar… pero esta sensación sólo emerge en el momento en el que realmente sentimos: sólo sé que no sé nada… tal como afirmaba Sócrates.

La vida aquí en este planeta es más compleja de lo que nos muestran en los medios de comunicación… lo que vemos es una pequeñísima fracción, muchas veces tergiversada, manipulada, distorsionada e incluso inventada, para mantener intereses que van más allá de lo que somos capaces de percibir.

El mundo es más grande de lo que creemos

Lo cierto es que la realidad en la que vivimos es multidimensional igual que nuestra conciencia. Lo que significa que hay mucho más que no vemos y que influye de forma transversal en las diferentes dimensiones que coexisten. A esto le añado que para mí, es un hecho que no estamos solos en el Universo, no lo hemos estado ni lo estaremos, lo que complica mucho más la comprensión de lo que ocurre en nuestro Planeta.

La presencia dentro y fuera de la Tierra de otras civilizaciones hermanas y no hermanas, que velan y no velan por nuestro bienestar y que interfieren con los asuntos terrestres, hace que la geopolítica mundial incluya agendas terrestres y no terrestres, movimientos en el tablero que implican múltiples partes, bandos, grupos, intereses, alianzas, intenciones, incluso dimensiones de esta realidad multidimensional. Los movimientos en este tablero llevan más tiempo del que podemos siquiera llegar a imaginar, de modo que lo que ocurre ahora, tiene origen en un pasado tan remoto que no entra en nuestros registros históricos oficiales.

De geopolítica a exopolítica

El tablero no es de geopolítica terrestre, sino de una geopolítica que va más allá del horizonte terrestre, de ahí el término Exopolítica. Llegar a darse cuenta de esto, es llegar a tomar conciencia de la magnitud de la realidad en la que vivimos, del engaño al que estamos sometidos y del impacto que llegaría a tener en el mundo si se desvelase.

Es por ello que a mis 40, me doy cuenta que a quien realmente estoy cambiando es a mí mismo. La magnitud de la realidad es inmensa… de modo que me quedo con la frase de Gandhi: si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiarte a ti mismo. Y añado, lo demás, si tiene que ser, vendrá por añadidura.

 

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

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