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El vacío interior, una experiencia de reconexión

La experiencia del vacío interior es algo íntimo e intrínseco al estar vivo. Posiblemente sea más intensa en estos tiempos modernos a consecuencia de los valores imperantes, como el materialismo, la superficialidad  y la inmediatez. Valores que nos alejan del sentir profundo de nuestro corazón. Es mi impresión que raramente se la reconoce dado que está enterrada bajo capas de actividad, intensidad y distracción que ayudan a evitar entrar en contacto con ella.

La experiencia del vacío interior nos conecta con lo más profundo de nuestro interior, con la esencia de nuestro ser y del vivir. Tiene lugar en el corazón y en él se encuentra el tipo de relación y calidad del encuentro que mantenemos con nosotros, así como nuestro propósito vital y la conexión con lo trascendente. Cuando estos tres elementos están desatendidos, ese vacío se hace presente y emerge.

En el cultivo del encuentro con uno mismo

El vínculo con uno es el elemento más esencial, ya que los otros dos se desarrollan a partir de éste. Aprender a conocerse en nuestras luces y nuestras sombras, a sostenerse en las crisis y en la adversidad, a acompañarse en la soledad, a cuidarse, a respetarse, a escucharse y a amarse, son algunos de los elementos más esenciales del cultivo del encuentro con uno mismo. En la medida en la que esto ocurre, podemos conectar con nuestro propósito vital (nuestro camino) y también iniciar la senda del cultivo de lo trascendente. Cabe decir que el desarrollo de estos tres elementos no tiene por qué ser consecutivo, sino que es natural que vayan de la mano.

El término vacío significa ausencia, y en este caso, el vacío interior, es ausencia de nosotros mismos. Cuando estos tres elementos están ausentes en nuestra vida, este vacío se hace presente, emerge, se hace notar, aunque muy posiblemente no podamos identificar las sensaciones que lo acompañan. En mi experiencia, las primeras sensaciones se originan en el corazón, extendiéndose por el pecho y subiendo por la garganta; afectando, si la intensidad es alta, a la capacidad respiratoria. Luego puede bajar al plexo solar.

Evitando el contacto con el vacío interior

Frente a la experiencia del vacío, el hombre de hoy, reacciona llenándolo de cosas materiales ya que su valor personal está altamente identificado con el valor de lo que tiene; soy lo que tengo, lo que consigo y el éxito que alcanzo. reacciona llenando la agenda de actividades y experiencias que ocupan el tiempo de su vida o llenándolo del constante y continuo contacto con los demás. Cada vez más, también, mediante el uso de la tecnología que atrapa la atención y la conciencia, ya sean redes sociales, aplicaciones móviles o juegos. Mientras la atención está fuera, es más difícil que esté dentro evitando así el contacto con la propia identidad y de ahí, con las interioridades de nuestro ser, entre las que está ese vacío.

La experiencia del vacío es una sensación de abismo interior, de ahogo… para salir corriendo. Es una experiencia emocionalmente intensa, que requiere de valor para hacerle frente. Necesita de mucho respirar, de observación para darse cuenta de lo que hay ahí y qué necesitamos para transformar esa experiencia.

Construimos la vida mediante estructuras relacionales, ya sean vínculos de pareja, de familia, de trabajo, de amigos mediante los cuales desarrollamos los diferentes roles que definen nuestra identidad, así como a través de los vínculos intangibles de creencias, ideas, expectativas, deseos, propósitos, etc. Nuestra identidad se sostiene a través de los vínculos reales e intangibles que conforman esta estructura vital que construimos.

Expuestos al vacío

Hay ocasiones en las que partes de esta estructura pueden quebrar, entrar en crisis o destruirse, afectando directamente a nuestra identidad y bienestar. Es ahí cuando ese vacío puede hacerse más patente. También puede ocurrir que aún teniendo todos los vínculos tangibles e intangibles estables, la sensación sea de “me falta algo”, de insatisfacción, de carencia, de “tenerlo todo y no ser feliz”.

El hecho es que toda esa estructura puede alejarnos de nuestro interior o ayudar a vernos. Cuanto más en la esencia estamos, más sencilla se vuelve, porque nos llenamos más de nosotros mismos y de vínculos de mayor calidad. En el centro de la estructura estamos nosotros y nuestra soledad existencial.

La soledad es vital para llenar el vacío interior

La experiencia de la soledad es vital para atravesar y transformar esta experiencia de vacío existencial. Volver a uno, una y otra vez cada vez que nos perdemos en el otro, o con experiencias externas, es una vía para atender este vacío y llenarlo de nuestra presencia. El amor a uno, a los otros y a la vida, es lo que lo acaba llenando por excelencia, ya que el amor trae la gratitud, el bienestar y la paz interior.

Jean Louis Corby, esculpió una escultura llamada “el vacío del Alma” expuesta en Ginebra, en donde se ve a un hombre de metal sentado en un banco, de constitución delgada, con un enorme agujero en el pecho. Trata de representar este vacío existencial tan presente en estos tiempos y que tanta sintomatología y locura trae.

 

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

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2 thoughts on “EL VACÍO INTERIOR – de la serie Mi Caminar

  • 03/03/2019 a las 3:27 pm
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    Quizá sea otro vacío y no el de esta entrada el que a mí me duele, el que yo experimente. Porque no es cuando estoy sola cuando se hace presente sino que se manifiesta en la desconexión con una gran cantidad de personas. Es otro lenguaje, tengo que explicar cada palabra y mi esencia casi a cada paso . Es muy cansado y triste no encontrar individuos de mi tribu más a menudo.
    Gracias por ponerle palabras al vacío interior.

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    • 04/03/2019 a las 7:01 pm
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      Gracias de nuevo Maribel por compartir tu experiencia. También conozco esa sensacion, aunque tal vez me queda ya muy atrás… entiendo este vacío como la necesidad de compartir y ser entendido sin explicar ni justificar, sino desde una conexión más profunda. Un abrazo.

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