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Sentirse o no solo estando con uno mismo

La experiencia de la soledad tiene muchos matices, pero hay uno que la condiciona por completo, es el de sentirse o no solo estando con uno mismo. Podemos estar solos sin sentirnos solos, sin embargo, podemos también estarlo y sentir el peso de la soledad en nuestro corazón.

Hay un tipo de soledad en la que podemos mantenernos ocupados haciendo o pensando acerca de tareas, deberes o proyectos. Ésta, es una soledad menos sentida ya que nuestra mente y corazón están ocupados. Sin embargo, existe otro tipo de experiencia más profunda en la que uno permanece sin hacer nada, más que mascando los propios pensamientos y sintiendo las emociones que nos recorren. Nos acerca más a la experiencia real del encuentro con nosotros. Es aquí donde emergen contenidos de nuestro interior que muchas veces no son fáciles de sostener ni procesar.

En la soledad emerge el vacío

Este tipo de soledad es la que nos acerca al abismo del vacío interior del que emergen nuestras sombras. Es sin duda una experiencia que en un momento u otro de la vida podemos experimentar. La cuestión está en qué hacemos frente a ella, si nos alejamos llenándonos de quehaceres, o nos armamos de valor para adentrarnos y enfrentarnos. Son muchas las personas a las que les cuesta sostener su propia presencia y necesitan mantenerse ocupados y acompañados para evitar este contacto tan íntimo.

Años atrás compuse una pieza de piano que titulé la Dama de las Tinieblas, haciendo referencia a la dama que emerge en el silencio de la soledad. Es en esta soledad en la que nuestras tinieblas aparecen. El silencio hace más patente la propia soledad, ni música, ni televisión, ni radio, ni ningún otro sonido que nos acompañe. Sostenerse en la soledad del silencio exterior, es abrirse al ruido interior. Este ruido, suele estar teñido de emociones y sensaciones como miedos, sentimientos de tristeza, de incomodidad… sensaciones de agobio y ansiedad, así como dolores del pasado y temores del futuro.

Sin duda la experiencia de la soledad es una de las grandes maestras para conocernos más íntimamente y acercarnos a nuestra esencia. Vernos y encontrarnos regularmente con nuestros temores y ansiedades, patrones y bucles interiores, nos permite un contacto más íntimo con quiénes somos.

La soledad nos acerca a lo esencial

Según mi experiencia, hay soledades y soledades… es diferente experimentar la soledad viviendo solo que acompañado, así como es diferente la experiencia de la soledad viviendo en pareja o con la familia. La experiencia de la soledad viviendo solo y sin pareja es más intensa… se siente la diferencia cuando uno llega a casa por la tarde noche y abre la puerta, cuando se prepara la cena, cuando se mete en la cama y cuando se despierta de nuevo por la mañana, así, diariamente.

Si bien estoy familiarizado con la experiencia de la soledad y el estar conmigo desde bien joven, es más reciente, al tiempo que escribo esto, la experiencia de vivir solo, de estar sin pareja y experimentar el sentirme solo, sentir ese vacío existencial que a veces asoma en la soledad… y que me produce una sensación de desconexión con la vida… observo también que a medida que la década de los treinta ha ido pasando, me he ido despojando de deseos, necesidades y aspiraciones que me han ido dejando más desnudo, más en lo esencial de vivir.

Al acercarme hacia este estado, el abismo del vacío se hace más patente ya que hay menos capas de actividades y proyectos que mantienen mi mente ocupada a la vez que alejada de sentir este vacío. Los aspectos importantes de la vida se van reduciendo, así como las prioridades, síntoma de que simplificamos y caminamos hacia algo más esencial.

La soledad como oportunidad para amarse a uno mismo

Es gracias a la soledad que he podido ver con mayor claridad el origen de ciertos deseos y necesidades, de ansiedades y miedos, de apegos y dependencias que emergen debido a ese vacío. Es gracias a la soledad que he visto como todo ello interfiere en mi relación con el otro, como me saca de mi centro y contamina el vínculo, enturbiando el encuentro.

Es gracias a la soledad que he podido ver también como parte del deseo de estar en compañía, con una mujer, para compartir, para sentir, para amar, es para alejarme de ese vacío. El otro me llena y me alivia la ansiedad de sostenerme en el vacío. De modo que es gracias a la soledad que me he acercado un poco más a mí esencia, creciendo en mi capacidad de sostenerme a mí mismo. Es gracias a la soledad y el dolor de enfrentarme a la Dama de las Tinieblas que estoy aprendiendo a amarme más a mí mismo.

La soledad tiene su lado luminoso, a parte del autoconocimiento, el disfrutar de la propia compañía, del gozo de sentirse con uno. Hace unos días contemplaba el anochecer en un banco de madera del paseo frente a mi casa, un paseo vestido de hojas secas recién caídas de los árboles en esta época otoñal que velozmente se adentra en el invierno. El cielo estaba medio nublado y aun así se podía ver a la Luna brillar a medida que caía más la noche mientras el frío se intensificaba. Recuerdo estar sentado en el banco, escuchando música y disfrutando del momento antes de volver a casa para preparar la cena y disponerme a descansar. En ese momento sentía la soledad y disfrutaba de ella. Veía a madres con sus hijos volviendo a casa, a parejas volviendo a casa. Y yo, sentado en el banco, podía disfrutar de saber que iba a volver conmigo a casa.

Caminando de regreso, me paré frente a la Luna, la contemplé durante varios minutos a la vez que sentía que todo estaba en orden, que me encontraba en el lugar y el momento adecuado, viviendo lo que necesitaba experimentar. Esta paz era el resultado de reconectar de nuevo con mi esencia y con la vida. Cuando nos desconectamos, es cuando surge ese sentimiento profundo de soledad procedente del vacío.

Disfrutar de la soledad es disfrutar de uno mismo

Escribiendo estas reflexiones me encuentro en un diálogo conmigo mismo a medida que elaboro mis pensamientos y los pongo por escrito. Observo que a lo largo de las dos horas que llevo escribiendo, en soledad, he visto como paulatinamente me he ido conectado de nuevo conmigo, sintiendo menos la soledad y más la propia compañía. La conclusión es que disfrutar de la soledad, es disfrutar del encuentro con uno mismo, y como todo encuentro, requiere de atención, comprensión, cuidado, comunicación y vínculo. Escribir es, por ejemplo, mantener un diálogo conmigo mismo.

La soledad tiene su lado luminoso pues nos ofrece autoconocimiento, así como momentos de alta creatividad, de disfrute, de conexión, de tranquilidad, paz y descanso. Aprender a estar bien en soledad nos permite luego mantener relaciones afectivas más sanas, adultas y en donde el amor es más amor que necesidad, porque existe el cultivo de la propia independencia. Sostenernos en la soledad nos trae más libertad en el vínculo con el otro, mejorando la calidad de los encuentros.

La soledad y la dignidad

Más aún, a través de la soledad cultivamos la dignidad, porque sentirse acompañado estando con uno requiere de la propia escucha a través del sentirnos, con el fin de darnos los que necesitamos, cuidándonos y reconociéndonos como importantes. Son actos de amor propio que aumentan nuestra autoestima. El autocuidado en soledad nos devuelve la dignidad si la hemos perdido en el encuentro con el otro por sentirnos dependientes. La soledad nos ayuda a reubicarnos de nuevo en nuestro corazón y en la vida.

 

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

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7 thoughts on “LA SOLEDAD – de la serie “Mi Caminar”

  • 20/02/2019 a las 11:51 am
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    Maravilloso ensayo de la Soledad, la verdadera Soledad, la más profunda, la que después de atravesar a través las sombras y la oscuridad, ilumina desde lo profundo de nuestro SER dejándonos en Unidad con el UNO.

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  • 20/02/2019 a las 12:35 pm
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    Soledad es un deseo del Cristo de ir por su cuenta. Ese sentir no cesará de experimentarse (consciente o incoacientemente) hasta volver a la Compañía sin fin con Su Fuente inagotable e Unidad Ilimitada. Fue lo primero que sentimos al desear la ilusión de separación y lo último con lo que tendremos que «hacer las paces» (aceptarla por lo que es) antes del reencuentro definitivo. Como este reconocimiento trae paz pensamos que soledad debe ser útil para algo. Claro que sí, para reconocer el capricho de olvidar a Dios y ser, tan «creativo» de imaginar ser nuestro propio creador (un tiempo). Las ideas no abandonan su fuente, e ideas solitarias fabrican modelos solitarios. No hace falta irse al Tibet a reconocer esto pero ciertamente el silencio ayuda a vernos tal y como deseamos estar: solos jugando con nosotros mismos, llenando vacíos que, en realidad, no existen. Cristo el aventurero, Cristo el temerario, el audaz. Ese soy yo.

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  • 20/02/2019 a las 2:22 pm
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    Estoy muy agradecida por esta entrada especialmente por el momento en que me hallo, afrontando la soledad de la adulta. En mi caso, la adulta necesitó hacerse cargo primero de la soledad de la niña herida para poder sostener luego la suya propia…
    Me ha llamado la atención la cuestión de género, «la Dama de las Tinieblas». Y he pensado que debe ser desde la reverencia que sientes hacia la soledad por lo que ves una imagen en femenino emergiendo sabia.
    Gracias de nuevo porque este encuentro con tus palabras me ha permitido sentirme conectada en la soledad.

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    • 21/02/2019 a las 11:58 am
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      Hola Maribel, me alegro mucho que esta entrada te esté sirviendo en tu momento actual. Leer comentarios como el tuyo, hace que sienta que no escribo sólo para mí, y que cuando publico también hay otras personas ahí a las que mi experiencia les sirve. Es una satisfacción. Por otro lado, percibo a la soledad como una entidad femenina, como una energía femenina, ya que nos lleva hacia adentro. Si fuese hacia afuerza, percibiría la energía como masculina. Posiblemente sea esta la razón que ahora, después de 18 años, observo al mencionarlo. Un abrazo, seguimos caminando!

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