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Una elección de caminos

¿Cómo saber cuál es la opción de camino más adecuada? ¿Cómo saber si es momento para persistir o soltar, para aceptar o rechazar, para volver o dejarlo atrás, para llamar o no llamar, parar renunciar o continuar, para elegir el camino de la derecha o el de la izquierda, para saber si hablar o callar, para saber si confrontar o tolerar, para saber qué elección tomar frente a las opciones que me presenta la vida provocando que mi corazón lata con más fuerza e intensidad?

Los dilemas son elecciones en el camino y pueden suponer conflictos que nos quitan el sueño y nos mantienen despiertos. Así lo experimento. Siento que el dilema me ayuda a afinar el oído interno para escuchar más atentamente la voz de mi corazón.

Dilemas

Decidir si iniciar o no iniciar un nuevo proyecto con alguien que, de entrada, me genera dudas pero que sin embargo, la vida me lo trae a petición. Aceptarlo, para aprender a colaborar en la diferencia o rechazarlo con la necesidad de buscar otra opción. Decidir si continuar caminando con alguien a quien se ama o es el momento de separar los caminos. Decidir si dar o no una nueva oportunidad. Decidir si escoger la vía del dinero o la vía de Dios, la vía de la seguridad o la vía de la incertidumbre, la vía de la fe. Decidir si continuar en lo conocido o dar un paso al frente y adentrarme en lo desconocido. Decidir si caer o no caer en la tentación.

Los dilemas que la vida me trae me permiten tomar conciencia del valor que me doy a mí mismo, así como a aquellos ámbitos a los que me enfrento con ellos. Los dilemas me permiten tomar conciencia del valor que le doy al tiempo, a mi salud, a mi calidad de vida, a la calidad de los vínculos que sostengo, a las prioridades que conforman mi día a día.

El camino del medio, el más difícil

Los dilemas conllevan una elección y una decisión que se traduce en acción. Elegir entre A o B implica cambios en la relación con uno mismo, con el otro y con la vida. Estas decisiones suponen muchas veces elecciones dolorosas, elecciones que requieren un acto de fe, de confianza en uno y en la vida.

La brújula es el sentir profundo de lo que nos dice el corazón, es el baremo que nos indica si la elección del dilema es la correcta o no. El termómetro de lo correcto a veces es difuso, incierto, inseguro, borroso porque sólo se aclara caminando. No obstante, si la elección preserva nuestra integridad y dignidad, el autorespeto y la salud, seguro es una buena elección. A veces es necesario agotar las experiencias, continuar un poco más allá en la opción del camino A, para saber que la mejor opción es la B y no la A.

Otras veces la solución no es ni A ni B, es la opción AB o C, el camino del medio, un camino no creado. Esta es la opción a veces más difícil, porque requiere que nos reinventemos frente a la situación que, de entrada, no parece que tenga solución. La opción no evidente es la opción del no camino, es la opción de crear el camino, porque como diría Antonio Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Hay opciones a los dilemas que implican más riesgo, pero también mayor paz de corazón. Hay opciones a los dilemas que implican más seguridad, pero también mayor pesar.

Elegir desde la esencia

Este camino hacia mi esencia, esta experiencia de muerte y renacimiento me plantea muchos dilemas, en el amor, en el trabajo, en la familia, en mi vocación, en el uso de mi tiempo. Los dilemas vienen a medida que camino, a medida que la vida me trae opciones, posibilidades, personas y situaciones. Frente a cada situación elijo, pero hay elecciones difíciles que suponen noches en vela. Las elecciones vienen influidas por mi carácter, por mis emociones, pensamientos, recuerdos y deseos. El reto consiste en escuchar la voz de mi esencia, la voz de mi Alma, la voz que me guía para caminar más consciente, más atento y más despierto.

Sé que elijo correctamente cuando mi corazón descansa, cuando vuelvo a la paz después de la tensión del dilema, cuando mis sentimientos encontrados se reencuentran, cuando mi mente deja de dar vueltas como un gato que persigue su cola. Cuando los dilemas se alargan en el tiempo, se convierten en conflictos que afectan en mayor o menor grado a la salud, la vitalidad y hasta la cordura.

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

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