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Poner límites es una cuestión de autoestima

Poner límites es una cuestión de autoestima. Es decir NO. Es un acto de protección ante actos ajenos que invaden nuestro espacio o situaciones que nos hacen daño, que nos causan malestar o nos sacan de nuestro centro. Es una cuestión de aprender a respetar nuestro sentir y actuar de acuerdo a él, preservando nuestro espacio, integridad, salud y dignidad. Es más fácil escribirlo que hacerlo, es por ello que es sin duda uno de los grandes aprendizajes de este caminar por la vida, ya que es un aprendizaje del corazón, de amor hacia uno mismo.

Poner límites requiere de la capacidad de sentir lo que es bueno o no para nosotros y ello conlleva aprender a escucharnos. Identificar nuestro Norte, como la estrella Polar, puede ayudarnos a girar el rumbo cuando nos alejamos demasiado. Lo perdemos por múltiples razones y es una cuestión de límites y de amor propio volver a él de nuevo.

El Norte está en la preservación de la salud, de la vitalidad para vivir, de la capacidad para disfrutar y trabajar, para relacionarnos, para levantarnos cuando nos caemos y seguir adelante a pesar de los tropiezos, levantarnos para seguir bailando la vida… está en continuar persiguiendo y construyendo nuestros sueños…

Los conflictos atrapan nuestra energía vital

Hay circunstancias que nos llevan a desviarnos de nuestro Norte… generalmente los conflictos que se alargan en el tiempo, ya sean tanto internos como externos, los cuales atrapan nuestra energía, conciencia, atención, e interrumpen el flujo de la vida que pasa a través nuestro. El término conflicto lo entiendo en un sentido amplio, tanto un dilema interno, como el desencuentro con otra persona o situación, como asimilar un golpe de la vida.

Un conflicto que se alarga en el tiempo y no se resuelve, atrapa nuestra conciencia restándonos capacidad para seguir caminando hacia adelante. Nos ancla en un punto del camino y la energía vital se estanca.

En todo conflicto hay un límite, y es a través de escucharnos que descubrimos el umbral de aguante, el umbral que nos indica en qué momento estamos perdiendo la salud y la dignidad. Es una cuestión de tomar conciencia de cuánto vamos a dejarnos atrapar, hasta qué profundidad vamos a dejarnos caer, siendo conscientes que el fondo está en la enfermedad y un poco más allá, la muerte física.

Perdemos la salud cuando gastamos demasiada energía mental, emocional y física en el conflicto. Ello nos lleva a perder la vitalidad y como resultado, la capacidad para seguir caminando.

Poner límites al otro o a uno mismo

La necesidad de poner límites puede darse en dos tipos de situaciones, en las que vienen de afuera, porque alguien o algo nos invade, nos lastima física o emocionalmente, o porque nosotros mismos nos perdemos en alguien o alguna situación de afuera y nos auto-lastimamos. En ambos casos perdemos el Norte en el momento en el que cruzamos el límite en el que dejamos de ver nuestra estrella Polar.

Aprender a mantenerse fiel a uno mismo es aprender a amarse, y este aprendizaje nos ayuda a poner límites a tiempo, sin correr el riesgo de alejarnos tanto que ya perdimos la conciencia de quiénes éramos y cuál era nuestro camino.

El aprendizaje del conflicto

Los conflictos forman parte del encuentro con uno, con el otro y con la vida, y son inevitables. Es gracias a ellos que tenemos la oportunidad de transformar nuestra conciencia cuando les ponemos atención con el fin de llegar a darnos cuenta de qué le está ocurriendo a nuestro corazón para sentir la tensión del conflicto. Aprender a volver a nosotros una y otra vez es clave para escuchar qué necesitamos hacer para caminar de nuevo hacia nuestro Norte.

Poner límites es una cuestión de autoestima, es una cuestión de aprender a marcar nuestro tiempo, espacio y distancia en el encuentro con uno, con el otro y con la vida. Aprender a marcar la distancia, es una cuestión de aprender a amar y respetar el latido de nuestro corazón. A veces con unas pocas palabras basta, otras, como un no quiero, no me gusta o no me apetece es suficiente, otras con una explicación sincera, y en otras se hace necesario un golpe de fuerza para marcar una clara línea.

El miedo a poner límites

Poner límites requiere de autoestima, cuidado, respeto y reconocimiento propio, para sentir el impulso y la seguridad de decir esto no lo quiero y tomar las medidas que sean necesarias para conseguirlo aún a pesar de las consecuencias. El miedo suele ser uno de los obstáculos mayores a poner límites. Miedo al qué dirán o a la opinión del otro, miedo a hacer daño, miedo a quedar mal, miedo a la soledad, miedo a sentirnos culpables, miedo al conflicto, miedo a equivocarnos, miedo a pasarse, miedo a hacer el ridículo, miedo a la pérdida, etc.

Poner límites requiere del valor para sostener las consecuencias, así como el valorar más nuestra integridad que la opinión y juicio de otros.

A veces poner un límite no encuentra términos medios y perdemos completamente a una persona o salimos totalmente de una situación. A veces los términos medios nos quitan la energía, y sólo el camino de cortar por lo sano es la vía para recuperar nuestro lugar. Poner límites nos es más fácil cuanto mayor es la conexión y cuidado que nos tenemos.

Hay ocasiones en las que poner límites cuesta porque nos sentimos dependientes o fuertemente vinculados a otra persona o una situación, y a pesar del malestar que podemos estar sintiendo, tenemos la esperanza que podremos manejar la situación, o incluso podemos llegar a aceptar como normal lo anormal. Son situaciones en donde no poner límites nos consume la energía vital porque todavía no somos capaces de separarnos del otro o la situación a la que estamos vinculados.

Los conflictos del encuentro son la fricción que necesitamos para avivar el fuego del corazón que ha de llevarnos hacia el amor, aunque inevitablemente pasaremos por el dolor. Poner límites nos ayuda a cultivar el amor por uno, por el otro y por la vida.

 

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

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