Cuando me siento vulnerable

La vulnerabilidad es un estado interno en donde el corazón se abre por dolor y uno se vuelve más sensible, más tierno, más empático, más cercano a los cercanos, más amoroso… experimentar y mostrar la vulnerabilidad nos hace más humildes, más próximos a los que tenemos cerca, a los que nos acompañan en nuestro viaje de vida. El vínculo que se establece es más auténtico, más rico, más real porque no hay máscaras, corazas, apariencias por el medio y el encuentro con el otro se vuelve más profundo. En la vulnerabilidad siento que me dejo ver más allá de las barreras que protegen mi parte más sensible, más delicada y que más cuidado necesita.

Las lágrimas suelen acompañar a esas emociones que están a flor de piel y que con un simple comentario, una música, un recuerdo, un pensamiento, un olor, pueden provocar que lloremos. Bienvenidas sean las lágrimas que liberan la tensión y que nos ayudan a transitar y sanar el dolor.

La vulnerabilidad que siento mientras escribo viene de la tristeza, de un echar de menos, como parte de un duelo por una pérdida y, a la vez, del miedo, de la inseguridad al futuro próximo.

Ahí fuera hace un día luminoso, limpio, despejado y de un azul claro, sin embargo, aquí dentro, el sol está oculto tras unas nubles de un gris oscuro, oculto tras los truenos y relámpagos que de tanto en tanto estremecen mi corazón por la intensidad del dolor que siento.

La vulnerabilidad en estos tiempos

El estado de vulnerabilidad emerge por múltiples razones, pero posiblemente un aspecto sea el común, cuando la vida nos sacude y nos deja con el corazón abierto, desbordados de emoción y sin capacidad para escondernos detrás de nuestra máscara, la coraza que con tanto empeño hemos construido para protegernos del mundo desde niños. El contexto en el que vivimos, con sus creencias, valores y prejuicios, nos dice que hay que ser fuertes, seguir siempre hacia adelante, no mostrar debilidad, y la vulnerabilidad se interpreta como tal. Sin embargo, cuanto más fuertes pretendemos ser y aparentar, más frágiles nos volvemos por dentro y más lejos estamos de un encuentro auténtico con el otro porque el corazón se cierra más y más. De ahí la dificultad de muchos de identificar sus emociones, sentires y necesidades más profundas. Se desconectan de sí mismos para no sentir el dolor que en más de un ocasión la vida nos trae a todos. A la vez tienen más dificultad para vincularse más auténticamente con el otro porque este se produce desde el corazón, lo que en consecuencia puede generar mayor sentimiento de soledad.

Permitirse la vulnerabilidad y más aún, mostrarla tanto a los demás como reconocerla en uno mismo, requiere un gran aprendizaje. Sobre todo para los más orgullosos, quienes se esfuerzan por seguir mostrándose fuertes a pesar de que la vida los está doblegando y arrodillando. Suele ocurrir que cuanto más se resiste uno, más intensidad imprime la vida.

Como decía, vivimos en una sociedad en donde no podemos mostrar flaqueza y ante signos de decaimiento, uno puede oír frases como “siempre hacia adelante”, “sé fuerte”, “hay gente que está en peores situaciones”, “mira lo positivo, no te detengas en lo negativo”… y todo ello es cierto y a la vez también lo es que en todo proceso de sanación, es necesario lamerse y curarse las heridas en la cueva antes de volver a salir a la vida. Saltarse este paso hace que el corazón se cierre poco a poco y nos desconectemos de él, de nuestra esencia.

Es comprensible que la estrategia más directa e inconsciente frente al dolor, sea cerrar el corazón para no volver a sentirlo, sin embargo, así nos alejamos de nosotros y del aprendizaje que nos trae la vida con cada experiencia.

Ser hombre y mostrar la vulnerabilidad

Posiblemente para el hombre sea culturalmente más difícil mostrar la vulnerabilidad que para la mujer, dado su rol y la construcción social del concepto “ser hombre” del que históricamente venimos. ¿Hombres que lloran, hombres que se muestran sin fuerza, hombres que expresan sus emociones y sentimientos, hombres que piden ternura? ¿No es esta imagen más la de la construcción de “ser mujer”? Desde mi perspectiva, hay rasgos que están por encima de ser hombre o mujer, somos personas, seres sintientes, sensibles, emocionales y con un corazón que se abre y se cierra. Las propias construcciones sociales de hombre y mujer inmersas en una cultura y una tradición, condicionan la manera en la que procesamos en este caso el dolor y la vulnerabilidad.

Atravesar el dolor

Estamos viendo como el uso de las redes sociales para mostrar lo fantástica, estupenda, maravillosa y feliz que es nuestra vida, está haciendo estragos. Es un esfuerzo por mantener una falsa realidad de cara a los demás. Esta cultura virtual está contribuyendo a construir identidades psicológicas más frágiles porque al imprimir energía en mantener una imagen positiva aparente, se evita poner energía en procesar y crecer interiormente a través del dolor que a todos nos trae la vida. Frente al mal tiempo, buena cara dicen… y yo opino que siempre y cuando no nos impida hacer nuestro proceso interno de sanación y crecimiento. De lo contrario, hacemos como si nada ocurriese y evitamos así sumergirnos en un dolor que bien transitado nos trae crecimiento interior y más recursos para las próximas tormentas.

Cuanto más nos echamos a las espaldas, más lastre sentiremos para caminar hacia adelante con autoconfianza y apertura de corazón.

Vínculos auténticos desde la vulnerabilidad

Me ha llevado unos años desde que tome conciencia primero, de lo que era la vulnerabilidad y, segundo, de que me costaba mostrarme vulnerable frente a los demás. La apariencia de templanza, de control, de seguridad, de paz interior son aspectos que si bien me caracterizan, no siempre están presentes, como el momento en el que escribo esto. Pero mantener la imagen construida de quien es uno frente a los demás, hace que nos esforcemos por seguir mostrando esos aspectos que los demás hacen que nos reconozcan y nos valoren. Es un esfuerzo agotador, en vez de mostrarnos con lo que hay, de forma auténtica y sincera. Como decía más arriba, cuando nos mostramos abiertos y de forma auténtica y sincera frente a aquellas personas en quienes sentimos que podemos confiar, se genera un vínculo de una calidad humana superior. Un vínculo especial que une y nutre. Un vínculo en donde lo aparente, lo falso y lo superficial de las relaciones cotidianas desaparece.

En este estado de vulnerabilidad me siento con un nivel de energía física y emocional más baja y soy más consciente de la necesidad y la importancia de cuidarme más, eligiendo bien con quién quiero estar, con quién quiero hablar por teléfono y de qué, dónde quiero ir, qué quiero hacer, qué quiero comer, qué música quiero escuchar… este estado me lleva a refugiarme y cuidarme de personas, situaciones y entornos que podrían lastimarme o afectarme negativamente. Así que conscientemente elijo amistades y familiares que sé que me apoyan, me comprenden, me acompañan, me sostienen, con las que puedo ser y mostrarme con lo que hay. ¡Y que reconfortante es poder estar con lo que hay frente a otro, ya sea para reír o llorar!

Estar o no estar

Es una experiencia en la que uno también ve quién está y quién no está, con quién puede o no puede contar, y cómo responde el otro frente al propio dolor y la experiencia de dificultad vital. Hay personas que pensaba que estarían y otras que me han sorprendido por estar ahí incondicionalmente. Que gratitud siento frente a ellas. Me emociona sólo recordarlo.

Sé que no es fácil reconocer y mostrarse vulnerable por razones como las delineadas anteriormente, sin embargo, es un acto de valentía y de confianza en uno y en el otro. En uno por la valentía de mostrarse y en el otro, por dejar verle más allá de la apariencia, dejando ver nuestro dolor, nuestras dificultades, nuestro sufrimiento, nuestro mundo interno más auténtico.

Desde un momento de máxima vulnerabilidad escribo,

“me siento mucho más cerca de lo esencial, de lo auténtico, de lo verdaderamente importante en mi vida, valorando mucho más el amor, el contacto con el otro, el cuidado, la amistad, el compartir, despojándome del valor de lo material y quedándome con el valor de lo intangible”.

Es desde este estado que estoy mucho más próximo a mi interior más íntimo, más esencial y desde el cual puedo llegar a sentir lo que describo con estas palabras.

Bienvenidas sean las sacudidas que nos arrodillan frente a la vida si con ellas nos convertimos en más humanos, más amorosos, más humildes, más sensibles, más auténticos y compasivos. La experiencia de la vulnerabilidad nos muestra lo más ESENCIAL.

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

 

 

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2 thoughts on “VULNERABILIDAD – de la serie Mi Caminar

  • 26/10/2018 a las 1:00 pm
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    Hola Pepón.

    Me ha gustado la esencia que transmite tu artículo, destapando la realidad que solemos enmascarar para protegernos…no sé muy bien de qué y que una vez consciente y sintiendo ese dolor nos lleva inevitablemente, como tú bien dices si sabemos transitar esas crisis y momentos de vulnerabilidad, a un mayor crecimiento personal.

    Seguiré leyendo tus bienvenidos artículos. Me gusta cómo escribes.

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    • 26/10/2018 a las 2:07 pm
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      Hola Lidia, gracias por tu aportación, me alegra que te haya servido mi reflexión. Ciertamente la vulnerabilidad es algo que enmascaramos en un mundo en donde la apariencia es la carta de presentación para ser aceptados, en donde el mostrarse fuerte es requisito para ser valorado. No entiendo muy bien tu duda, por si puedo aportarte algo que te la despeje. Estaré encantado de conversar contigo. Estamos en comunicación! Un saludo

      Responder

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