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El estado de víctima

Cuando la vida nos da un golpe, es lícito sentirnos víctimas de las circunstancias. Los golpes pueden hacernos sentir sin poder para salir adelante, para enderezarnos, para volver a empezar, para reconstruirnos, para sanarnos, para salir de este estado de incapacidad. Somos víctimas lícitas cuando la vida nos arrodilla. La dificultad estriba en volverse a levantar recuperando el poder personal. Levantarse significa integrar la experiencia de modo que crecemos gracias a ella. Resiliencia.

El estado de víctima es el estado del niño o niña que se cae y busca la mirada de su mamá o papá para que los consuelen, ayuden, mimen y curen. El niño y la niña interior sigue activa en todos nosotros como adultos, y son las heridas de la infancia las que cuando son tocadas por circunstancias de afuera, hacen que aparezcan de nuevo ese niño o niña buscando el consuelo, el amor o el reconocimiento de su mamá o papá, esta vez, proyectados en la pareja, en los amigos y personas más cercanas del día a día.

Las 5 heridas del Alma

La víctima como imagen de alguien desvalido, es un arquetipo universal, una figura clave en nuestra evolución. Las heridas del Alma, como el abandono, la traición, la humillación, el rechazo o la injusticia, por mencionar las que lista Lise Bourbeau, son heridas que pueden estar muy presentes en nuestro día a día como adultos.

Hacer consciente estas heridas y dedicar energía a sanarlas, nos devuelve el poder personal que perdimos con ellas. El aprendizaje de hacerse cargo de uno mismo, es el aprendizaje de amarnos, y con éste, el de convertirnos en adultos emocional y espiritualmente. Con este crecimiento, la víctima deja de manipular, chantajear, mentir y engañar para conseguir la atención, el cariño y el reconocimiento que no puede darse a sí misma.

Me he sentido víctima muchas veces

Me he sentido víctima muchas veces, porque son muchas las veces que la vida ha tocado mis heridas a través de las personas involucradas en mis circunstancias. He caído al suelo muchas veces esperando ser rescatado por alguien, por seres del otro lado, por la vida o por Dios. He llorado muchas veces por sentirme superado por las circunstancias esperando un milagro.

He pensado más de una vez que sería un alivio descansar en el otro lado y volver a casa. Y cada vez que me he caído, cada vez que me he arrodillado, cada vez que he llorado, me he vuelto a levantar, con esfuerzo, pero me he levantado, recuperando mi fuerza interior. Y con cada golpe, siento que mi corazón se ha hecho más grande, más sensible y con mayor capacidad para amar.

De la víctima a la esencia

En este camino de crecimiento, en este viaje, observo como a medida que van pasando los años, las décadas, voy caminando hacia aspectos más esenciales de la vida. Despojándome de intereses menos relevantes y necesarios. En este caminar, me voy sintiendo más adulto, más responsable, con mayor capacidad de hacerme cargo de lo que me ocurre, y también, con mayor capacidad de generar y de dar.

La víctima se siente incapaz de generar, por eso espera de afuera que le den y manipula si no le dan para conseguirlo, sin embargo, a medida que el adulto interior crece y nos hacemos cargo del niño interior, somos más capaces de darnos, cuidarnos, escucharnos, reconocernos, respetarnos y, en definitiva, amarnos. Amarnos incluso en la vulnerabilidad del dolor de sentir la herida y permanecer con nosotros. Yendo a buscar, si así lo sentimos, lo que necesitamos para alivianarnos en el tránsito.

Hacerse adulto es aprender a cuidarnos recuperando nuestra capacidad de tenernos a nosotros en la soledad y en la compañía, lugar desde el que el poder personal empieza a crecer.

Como un árbol, nos sostenemos sobre nuestras raíces, nuestro tronco y nos elevamos hacia el cielo, llegando a dar a partir de cierto momento de maduración interna, nuestros propios frutos que a su vez generarán nuevas semillas para nuevos árboles.

 

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

2 thoughts on “SENTIRSE VÍCTIMA – de la serie Mi Caminar

  • 21/03/2019 a las 7:44 am
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    Muy esperanzadora esta entrada, Pepón, gracias.
    A veces me pregunto si algo se habrá roto en mí para que sienta que mi capacidad de amar se estrecha, en lugar de ensancharse, y con ella también se estrecha mi capacidad de ser amada, en el sentido más amplio de la palabra y no sólo en cuanto al amor de pareja.
    “Siempre nos quedará” el kintsugi, aunque para eso necesito que la creatividad emerja.
    Gracias de nuevo

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    • 21/03/2019 a las 11:35 am
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      Gracias por tu comentario. Me alegra saber que te es útil en tu proceso.
      Tu capacidad de amar y de percibir ser amada, depende de tu capacidad de amarte a tí misma. La capacidad de amar se ensancha cuando puedes cuidarte, respetarte, reconocerte, valorarte y amarte estés a pesar del momento en el que estés. Tu creatividad también depende de ello, porque la fuerza creativa surge del contacto con tu esencia. Si te puedo ayudar en tu camino, estaré encantado. Un abrazo.

      Responder

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