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Aprender a ser resiliente

Resiliencia, término que describe la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir. Palabra que también se usa para describir nuestra capacidad para levantarnos frente a los golpes de la vida.

Hay experiencias que nos rompen y las hay que nos doblan. Las primeras pueden dañarnos de por vida y las segundas ayudarnos a crecer. Estas segundas son las que nos vuelven resilientes.

Frente a los golpes

En relación a las primeras, hay experiencias que pueden ser tan dolorosas para el Alma que la personalidad se vea incapaz de levantarse de nuevo. Sé que podemos morir en vida a consecuencia de un golpe emocional y sentirnos incapaces de levantarnos de nuevo, escondernos, cerrar el corazón y esperar a que la muerte se nos lleve. Lo sé porque lo he revivido, porque lo he recordado, porque lo he sentido, porque lo he llorado, lo sé porque me ha atravesado el corazón. Hay golpes que provocan un trauma que el corazón es incapaz de digerir y superar. Es mi sentir que levantarse o no depende en gran medida de la fuerza del corazón, aunque éste esconde misterios que todavía no he desvelado.

Soy consciente que en esta vida he revivido dos circunstancias independientes la una de la otra, de dos vidas diferentes, con dos Almas diferentes. Soy consciente que en esta vida he tenido la oportunidad de revivir dos experiencias muy significativas que son continuación y repetición de dos momentos de dos vidas anteriores. Soy consciente que la vida me ha brindado de nuevo la posibilidad de probarme otra vez frente al golpe, frente a la circunstancia dolorosa, frente al quiebre, y darle la oportunidad a mi Alma de resolver la situación de una manera diferente.

Qué hacer para levantarse de nuevo

¿Del corazón depende levantarse? No lo sé a ciencia cierta. Lo que sé es que el estado y el momento de evolución del corazón marca la diferencia entre romperse o doblarse. Lo que sé es que el dolor y el sufrimiento pueden ser experiencias convulsionantes e invalidantes.

Una vía de salida para ayudarnos a ser resilientes al golpe, es la de hacer algo con el dolor, con el sufrimiento, con el sentir tan intenso que nos atraviesa cuando estamos ahí. Acoger el dolor no es fácil, llorarlo lo agudiza y también lo libera. La experiencia del golpe genera una energía con un conjunto de emociones y sentimientos como los ya descritos en páginas anteriores que ocupan todo nuestro mundo interno. Esa energía se sana a medida que sale hacia afuera, evitando que se encapsule y se enquiste en el tiempo.

Escribir y componer música han sido y son dos grandes salidas creativas que me han servido para liberar lo expresable y lo inexpresable. Dos vías para canalizar mediante la escritura, el pensamiento, y mediante la música, la emoción. También puede serlo el baile, la pintura o cualquier tipo de arte expresivo.

El impacto emocional de un golpe afecta indudablemente al cuerpo. Es por ello que poner más atención en su cuidarlo mediante el descanso, una mejor alimentación y el ejercicio físico, son claves importantes que sirven de apoyo en el tránsito de la experiencia, aumentando nuestra capacidad resiliente. En la medida en la que somos capaces de cuidar nuestro vehículo, reducimos su impacto negativo. A la vez, seguramente nos sentiremos algo mejor, con más energía para hacer frente al proceso de elaboración, expresión, comprensión e integración.

Comprender, un elemento clave

Otra de las claves fundamentales de una actitud resiliente, es la voluntad de comprender qué nos ha estado ocurriendo en la experiencia del golpe. Éste puede ser tanto un impacto puntual o una experiencia que se alarga en el tiempo, experiencias ambas que terminan por doblarnos.

En este proceso de comprensión, la mente juega un papel fundamental en ayudar al corazón a volver a su equilibrio y paz interior. Cuando la mente no comprende, el corazón queda agitado. Cuando el corazón está agitado, la mente está confusa. El corazón y la mente se necesitan mutuamente para que el Alma vuelva a estar en paz.

Comprender, pasa por tomar distancia, por observar, por elaborar los pensamientos que nos asaltan y atender a las emociones que nos atraviesan. Comprender pasa por hablar, explicar una y otra vez lo que nos ocurre, ya sea a nuestras amistades, familiares, a nuestro terapeuta o en un diario. Comprender pasa por elaborar la madeja de pensamientos, emociones y sentimientos que nos generan agitación, confusión, sufrimiento y malestar con el fin de ver con claridad. Ayuda a comprender leer, informarse, buscar, hacerse preguntas, investigar, en definitiva, a aprender acerca de la experiencia por la que pasamos. Esta nueva información facilita la elaboración interna.

No comprender lo que nos ocurre, es garantía de que la agitación interna va a perdurar en nuestro corazón y nos va a dificultar volver a mirar hacia adelante con paz de espíritu. En la mayoría de las situaciones en las que la vida nos dobla, liberar la energía y expresar no es suficiente, es necesario comprender para integrar la experiencia en nuestra conciencia, en nuestra identidad, pudiendo crecer interiormente como consecuencia. De la comprensión emerge la sabiduría que nos brinda madurez y más recursos para el próximo golpe. Sostengo que en la comprensión radica gran parte de la capacidad resiliente.

La liberación mediante la expresión, la creación artística, el cuidado del cuerpo y la comprensión, me parecen recursos fundamentales que aumentan nuestra capacidad resiliente frente a circunstancias que nos doblan. Ser capaces de utilizarlos puede marcar la diferencia entre enderezarnos o rompernos.

 

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por Pepón Jover

Psicólogo Transpersonal y Terapeuta Gestalt

Fundador de Círculos Essen

info@circulosessen.es

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